12 de febrero de 2018

Aniversario



Está anocheciendo y cae la niebla, como entonces. De acuerdo a lo previsto, hoy va a helar de nuevo.
Escucho y clasifico los ruidos de la calle, los del rellano, los de mi propia casa. Verifico la absoluta normalidad mientras compruebo la disposición de los cuadros en la pared del recibidor.
Oigo voces, pero sé que no son más que los ecos de mi propia voz, que el tiempo ha ido amontonando en los rincones y el silencio multiplica espantosamente. Pronto sonarán las nueve en la vieja iglesia; sin embargo, desde aquí no pueden escucharse las campanadas. Repaso minuciosa, inútilmente los detalles. Todo está en su sitio. Todo idéntico a aquel 30 de diciembre de hace veinte años, idéntico a todos los treinta de diciembre desde entonces, como cumpliendo un ritual que no termino de comprender pero al que no puedo sustraerme. Miro el reloj, calculo el retraso, me asomo a la ventana. A esta hora no circula casi nadie. Por eso me sorprende la vaga silueta que se insinúa a través de la niebla. Despacio, como insegura, camina por la acera de enfrente. Sé que no puede ser ella, pero a pesar de todo es lindo soñar que son sus pasos los que resuenan sobre las húmedas baldosas, que son sus manos las que ahora sujetan un papel en el que sus ojos parece que intentan descifrar algo, que es su rostro el que se levanta de golpe mirando hacia este lado, buscando tal vez los números de los portales. Sé que es una tontería, que ella no tiene el pelo así, ni un abrigo como ése, pero después de veinte años estériles es tan lindo soñar que ha sido su brazo el que ha empujado la puerta del patio que ahora se oye cerrarse sin violencia, que son sus tacones los que lentamente ascienden hasta el primer piso, deteniéndose allí unos segundos, como dudando, y reanudan luego su marcha hacia arriba, hacia este segundo piso en el que sin darme muy bien cuenta ya la estoy esperando. Mientras pienso que seguramente ha de ser otra persona y que de un momento a otro escucharé el lejano sonido del timbre de alguno de mis vecinos, bajo un poco las luces y pongo el disco de Miles. Absurdo suponer siquiera que la imitación de fechas, temperaturas y gestos haya podido provocar, por fin, una ruptura en el tiempo, una repetición de lo que jamás debió ocurrir, una oportunidad para cambiar la historia. Los pasos han dejado de subir, pero si se pone atención puede escucharse el sonido de una respiración agitada ahí fuera. Seguro que en el rellano no hay nadie, que se trata sólo de mi imaginación, pero ya es la hora. Me dirijo a la puerta mientras miro de reojo hacia la mesa. Todo está dispuesto y los cuchillos relucen. No conviene demorarse: suena tan bien la música esta noche...


Prosas breves de @S_Borao_Llop

5 de enero de 2018

Espejismos


Las ciudades, las sierras,
los aviones, los patos, 
los parques y ambulancias,
las luces, los teléfonos,
los gatos, los tranvías,
las alocadas multitudes,
las carreteras grises,
las farolas y esquinas,
tus manos, los bolígrafos,
el vuelo de los pájaros
y el mar, el mar, el mar...

Todo desaparece tras la siguiente duna.

Sólo es real la sed.

1 de diciembre de 2017

Bajo pálidos candados de silencio

Bajo pálidos candados de silencio,
duermen tardes profanas de tacones y ensueño.

Tras las puertas cerradas del horario,
se acumulan, prisioneras, las palabras.

Tras las máscaras yertas del gesto repetido,
hay miradas que violan las barreras del tedio.

Viene lento, implacable, el tiempo del encuentro,
la hora inesperada del dulce sortilegio.
Hay mareas de viento soplando el horizonte
y barriendo en secreto imágenes caducas.

¡A la hoguera las máscaras impuestas!
¡Al olvido cadenas y fórmulas y formas!

No más muecas fingidas, no más frases de arena,
no más noches sin sueño de llama atormentada.

Todo será de arcilla para formar un rostro
único, irrepetible, de plenitud sincera,
donde verternos, diluirnos, encontrarnos,
donde la sangre sea
lava que se derrama impetuosa,
redescubriendo mundos, moldeando laderas
de una noche sin tregua que desliza
una lengua de sal sobre la sal callada.

Todo un único labio, una luz compartida,
una flor derramando su aroma sobre el alba.


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